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domingo, 12 de diciembre de 2010

"Este festival debe repensarse"


Esta frase, pronunciada por Ignasi Guardans, no sólo deambula en la cabeza del director del Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales de España, sino que está en boca de los más allegados a la organización del Festival de Cine de San Sebastián.

Parece que no han servido los 57 años que tiene de vida el Festival para
consolidar esta iniciativa cultural como un evento de referencia en el panorama internacional. Curiosamente Zinemaldia es una idea originada por un grupo de empresarios que salió adelante con el visto bueno del Régimen, el cual pretendía aprovechar la posibilidad de mostrar al mundo una imagen más amable y aperturista. Desde entonces, el Festival ha sufrido modificaciones en su estrategia de negocio por circunstancias que han resultado favorables, como su calificación dentro de la primera categoría de festivales que otorga la FIAPF (Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Films); y otras, como las actuales, que no se presentan muy alentadoras.

Tras la última edición, se habla de “repensar”, “reubicar” o hasta de “falta de personalidad” para referirse al festival de cine más importante en nuestro país. Parece que las complicaciones económicas han precipitado un replanteamiento de la estrategia de negocio. Y es que los recortes han afectado de forma directa a la organización del festival: al déficit del 5% del presupuesto total que
reflejaron los resultados económicos de los años 2007 y 2008 hay que sumar que en las últimas dos ediciones, debido a una reducción del presupuesto general, se ha suprimido un día la duración del festival, se ha eliminado una retrospectiva y se ha anulado la fiesta de clausura. Desde 2007, la financiación ha sido rebajada un 15%.

La sociedad Zinemaldia

La cuestión es que la evolución del Festival no ha de partir únicamente de premisas financieras ya que, si analizamos su estrategia competitiva, se observan ciertas incoherencias a la hora de definir la empresa y su línea de actuación. Veremos que, en definitiva, el Festival de Cine de San Sebastián carece de una ventaja competitiva realmente efectiva.

Personalidades como el concejal de Cultura de Donosti, Denis Itxaso, premian que el Festival no esté especializado en ningún tipo de producción; sin embargo, ésta idea no parece auto determinada: pudiera ser fruto de unos objetivos empresariales difusos. En la página web, curiosamente localizadas en el apartado de “Archivo”, se perciben algunas de las posibles líneas generales que definen el festival como un certamen centrado en “una corriente aperturista, ajena a los corsés de la censura”, porque “lo que más importa al festival de cine de San Sebastián es ser el escaparate del cine más inquieto y renovador de cada momento”.

El problema es que esta idea, cuya vigencia habría que cuestionarse, también es definitoria de otros festivales que compiten directamente con el de Donosti. Tanto la Berlinale como Cannes, así como los festivales de ámbito más reducido encabezados por Sundance, apuestan por un cine innovador y atraen a más cantidad de público, artistas y empresarios. No hay diferenciación y el mercado está muy concentrado. Pudiera encontrarla Zinemaldia precisamente aceptando una característica que los expertos no dudan en afirmar pero que no es compartida por la organización. El Festival de San Sebastián es internacional, pero muchos profesionales dudan de si su alcance es verdaderamente global y no influye únicamente en el mercado nacional e iberoamericano. En este caso, habría que replantear, entre otras cuestiones, la inversión en visibilidad de las estrellas norteamericanas y cineastas europeos en el empeño por dotar de glamour internacional al certamen, máxime cuando la financiación disminuye.


La fecha elegida para la celebración, clave de la estrategia empresarial ya que resta invitados en favor de otros certámenes llevados a cabo al mismo tiempo, hace competir al festival de San Sebastián con el de Toronto y el de Venecia. De estos sustitutivos, el primero es el que se presenta como un verdadero reto, ya que es aceptado y valorado por los cineastas como un lugar de encuentro para los negocios. Ante la imposibilidad de competir en presupuesto y notoriedad, Zinemaldia ya ha cerrado ciertos acuerdos con la organización de Toronto para no verse afectado por su éxito.




Si incidimos que el Festival de San Sebastián cuenta con un presupuesto notablemente inferior al de sus competidores, la ventaja competitiva habría de centrarse en la diferenciación, aunque ha de plantearse si realmente es efectiva la diferenciación intangible que lleva medio siglo persiguiéndose. La experiencia demuestra que el Festival puede expandirse y contraerse sin sufrir efectos secundarios graves, pero para ascender de categoría requiere definir su personalidad: es el momento de decidir la fórmula mágica y levantar cabeza.


Elisa Bravo Gabriel
Diciembre 2010

Artículos y páginas web de referencia:

http://www.elpais.com/articulo/pais/vasco/deberes/Zinemaldia/elpepiesppvs/20101013elpvas_12/Tes

http://www.elpais.com/articulo/cultura/San/Sebastian/capea/temporal/elpepicul/20100917elpepicul_1/Tes

http://www.elpais.com/articulo/cultura/festival/debe/repensarse/elpepicul/20100920elpepicul_2/Tes

http://www.elpais.com/articulo/pais/vasco/Gobierno/mantendra/millon/euros/aporta/Zinemaldia/elpepiesppvs/20101201elpvas_19/Tes

http://www.sansebastianfestival.com/es/